HOMENAJE A JOSÉ LAVÍN COBO, PIN, EL CARIÑOSO

Un 27 de octubre de 1941 fue asesinado uno de los guerrilleros antifranquistas más conocido en Cantabria. José Lavín Cobo, más conocido como «Pin» y «El Cariñoso.

Nuestra compañera, Sonia Ruiz, le hace un homenaje con este artículo en el aniversario de su muerte.

«El 27 y el 28 de octubre de 1941 fueron asesinados en Cantabria, el guerrillero, José Lavín Cobo y la guerrillera, Dolores Lavín Gómez, más conocida como «Lola». Ambos perdieron la vida en su enfrentamiento contra las fuerzas fascistas.

José, el «Cariñoso», falleció en el número 44 de la calle Santa Lucía de Santander.
Se encontraba escondido en la buhardilla de la madre de su compañera, María Oti. Pistola en mano, se enfrentó a sus captores y murió en el portal del edificio.

A María Oti la fusilaron tres meses después. La mataron junto a ocho miembros de la partida del Cariñoso. Su compañera, María Milagros Solano, se encontraba junto a él. A pesar de estar en un avanzado estado de gestación, fue brutalmente agredida. Y aunque lo intentaron, no consiguieron su propósito de hacer que perdiera a su hija, Josefina Lavín. Posteriormente, fue condenada a muerte, aunque su pena se conmutó por 30 años de prisión.

Cariñoso, natural de Liérganes, fue un destacado militante anarcosindicalista y como tal es recordado en toda Cantabria. Combatió en el frente Norte con el batallón “Libertad” de la CNT y llegó a ser sargento del mismo.

Tras la lucha regresó a su pueblo, guiado por las promesas de “no represalias” por parte de los franquistas. Por supuesto, y como era de esperar, la represión del fascismo cayó con todo su peso sobre los combatientes que volvieron a sus lugares de origen. Fueron muchas las personas encarceladas y fusiladas, entre ellas, su hermano, Belisario, militante anarcosindicalista.

El Cariñoso fue uno más de los detenidos. En el calabozo se percató de su plan de acabar con su vida y con la ayuda de una cuchara convertida en ganzúa y del golpetazo propiciado a su guardián logró evadirse.

Dadas las circunstancias, acompañado de su conciencia antifascista, se echó al monte y lideró la partida guerrillera conocida como el grupo de “El Cariñoso”, que actuó en los valles del Miera y del Pas.

Un miembro de su grupo, al ser detenido y torturado, no soportó las vejaciones y reveló el escondite de José. A su asesinato se unió una fuerte represión sobre los miembros de su grupo y sus familiares. Se produjeron más de sesenta detenciones y durante un consejo de guerra fueron condenadas a muerte 28 de ellas.

Tras el asesinato del «Cariñoso», la guerrillera Dolores Lavín Gómez, más conocida como «Lola», y sus compañeros, su hermano Marcos Lavin, «el Melenas » y su primo Pedro Lavín, «el Cenizo «, fueron emboscados en Peñacastillo y murieron en su enfrentamiento contra los fascistas. Los tres eran miembros de la partida de «el Cariñoso» y de su red familiar.

La lucha del Cariñoso y de la guerrilla en general no se puede desvincular de las mujeres, niños, niñas, adolescentes y familias enteras, cuya ayuda a la guerrilla terminó con una gran represión, con violaciones incluidas. A las penas de prisión, torturas y fusilamientos, se unieron los hostigamientos constantes por parte de las fuerzas represivas.

La madre de su compañera, María Oti, también fusilada, al igual que lo fueron muchas mujeres en la Península Ibérica, por ayudar a la guerrilla.

Su madre, Teresa, fue encarcelada y puesta, más tarde, en libertad. Frente a la barbarie fascista, logró sobrevivir en la Cantabria rural, junto con su nieta: Josefina Lavín.

Esa nieta que el régimen no reconocía como tal, puesto que el cariñoso y María no estaban casados y que, por lo tanto, consideraron una hija del pecado, y su madre una descarriada.

Josefina nació en prisión y logró sobrevivir. Fueron muchísimos los niños y niñas fallecidos en las prisiones a causa de las condiciones infrahumanas en las que se encontraban. A las muertes se unieron las criaturas robadas, dadas en adopción y llevadas a cárceles de niños y niñas, controladas por Auxilio Social y por las órdenes religiosas que colaboraron activamente con el fascismo y, aplicaron en sus espacios, el nacional catolicismo y la eugenesia de la Hispanidad.

Josefina Lavín, nacida en prisión, a los dieciocho meses, se reunió con su abuela paterna.

La hija del Cariñoso no renunció a sus orígenes y luchó para ser reconocida como hija suya. En el año 2012, con la ayuda de la asociación de memoria histórica AGE de Cantabria, recuperó su identidad paterna.

Si bien el régimen no consiguió borrar sus orígenes, la represión y las torturas ejercidas sobre su madre, afectaron a su núcleo familiar.

El cuerpo de María Solano quedó marcado de por vida, física y mentalmente. Nacida en Estados Unidos, a los doce años de prisión, ella salió de la cárcel, reclamada por su país. Su hija, a la edad de doce años, fue llevada con ella. Josefina no comprendió la separación de su abuela para llevarla junto a su progenitora. No conocía a su madre, encerrada en prisión, y no quería separarse de ella.

Trágico destino el de su madre y el de muchas madres antifranquistas. Alejamiento de las redes sociales y familiares. Hogares destrozados, familias alejadas, aniquiladas, encerradas, divididas y separadas. Infancias masacradas, marcadas, robadas y alejadas de su entorno social y familiar. Miseria, exilio interior y exterior, hambre y pobreza. Violación de los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad provocados por la barbarie fascista.

A la vida destrozada de María Solano, se une el afán de esa lectura patriarcal y de dominancia machista de querer presentarla como una enferma mental, obviando su lucha y su conciencia antifascista.

María, al igual que muchas mujeres, criaturas y hombres, quedó fuertemente marcada física y mentalmente.

Recordar la lucha del Cariñoso es rememorar, también, la suya y la de las mujeres de su entorno.

Lola, natural de Rucandio, fue detenida por dar de comer a uno de los del monte y por ocultar a otro en su casa. Este último, al ser descubierto, intentó huir y fue asesinado por la Guardia Civil.

Barbarie, hostigamiento, rapado de pelo, ingesta de aceite de ricino es lo que sufrió, en su cuerpo de mujer, la guerrillera Lola.

Torturada y violada, y por ello, decidió unirse a la partida del Cariñoso, siendo la única mujer del grupo. Muerta a manos de la Guardia Civil, tenía una hija de corta edad llamada Matilde.

A Matilde, al igual que a muchas criaturas, le rompieron su vínculo maternal. Internada en colegios de monjas, sufrió la aplicación de la eugenesia de la Hispanidad y el adoctrinamiento del nacional catolicismo.

Matilde ha participado, en ocasiones, en el homenaje que anualmente se hace en el cementerio de Ciriego a la partida del Cariñoso.

Tal vez no fueron tantas las mujeres que se unieron a la guerrilla, pero son muchas, o muchísimas, las que llevaron a cabo labores de infraestructura sin las cuales las guerrillas no hubiesen podido llevar a cabo su lucha y resistencia antifascista.

Las mujeres en el monte o en el llano son parte también de la resistencia y de la lucha de la guerrilla.

Se cumplen 85 años del aniversario de la muerte de ambos. Su recuerdo, las circunstancias de su fallecimiento, su militancia anarcosindicalista y su compromiso siguen hoy muy presentes en todas aquellas personas que han recogido su antorcha y que van a mantener encendida la lucha y la resistencia antifascista.

Les recordamos y les seguiremos recordando.

La lucha antifascista siempre presente.

Hoy, una vez más, recordemos la frase de Durruti: «Al fascismo no se le discute, se le destruye«.»

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