QUE LOS SALARIOS Y PENSIONES NOS PERMITAN VIVIR UNA VIDA DIGNA

Una de nuestras reivindicaciones como sindicato de clase es un incremento salarial en todos los sectores productivos, otra es la subida de la cuantía de las pensiones públicas.

Hay convenios, incluído el de hostelería en Cantabria, en los que las tablas salariales aún muestran salarios base rozando el SMI sin tener en cuenta las reducciones de cotización, por lo que el salario neto que le queda a la persona trabajadora para asumir su día a día es una auténtica miseria. Por no hablar de aquellas situaciones en los que el empresariado paga un salario por hora que no cumple ni con los 8.90 € del salario mínimo interprofesional, o en los que hay exceso de horas trabajadas que superan la jornada semanal de 40 horas y que no son remuneradas de manera efectiva al estar muy por debajo de lo que dicta el convenio.

Quien ha trabajado y/o trabaja en el sector en nuestra comunidad autónoma conoce muy bien la realidad de precariedad salarial, la falta de personal, de seguridad laboral, etc.

No debemos olvidar tampoco que el importe de las pensiones públicas dependen de las cotizaciones anteriores, (mínimo 15 años) y de la base reguladora de los dos últimos años cotizados, y la realidad es que muchas personas no han podido cotizar el tiempo suficiente bien porque tienen una discapacidad que les impide trabajar, bien porque se han pasado toda su vida cuidando a familiares dependientes, padres, madres, hijos e hijas con enfermedades graves, personas discapacitadas, sin poder acceder al mundo laboral asalariado.

Pero también aquellas personas que han trabajado como empleadas del hogar sin cotización durante muchos años, ya que la inclusión en el Régimen General de la Seguridad Social fue en 2012.

Nosotras no nos olvidamos de todas esas personas, ni de las diferentes realidades que forman la diversidad de nuestras afiliadas.

Los números hablan claro. La cuantía de las pensiones en 2026 para esas personas que no han cotizado lo suficiente es muy inferior al SMI.

¿Cómo acceden estas personas a la vivienda en alquiler, cómo viven en el día a día con la cesta de la compra por las nubes, cómo subsisten y pagan sus facturas de servicios básicos, la luz, el agua, el gas y la calefacción?

Sí, existen ayudas al alquiler, pero no son suficientes.

¿Cómo se les protege frente a desahucios cuando no pueden asumir el coste del alquiler? ¿Cómo evitamos que queden en una situación desfavorable?

¿Qué sucede cuando el núcleo familiar es monoparental y se tiene a cargo a un/a hijo/a con enfermedad rara y discapacidad? ¿Qué sucede cuando la pensión que pasa el progenitor no es suficiente para pagar el alquiler, acondicionar el hogar en beneficio de la niña y cumplir con el acceso a lo más básico: alimentación e higiene? ¿Y sí esa persona no tiene ayuda familiar ni nadie que la ampare?

Porque estas realidades existen y muy pocas personas son conscientes de ellas hasta que no les toca vivirlo en carnes propias.

Es tiempo de salir a las calles y de reivindicar por un incremento salarial en todos los sectores, de revisar los convenios obsoletos, pero también de pensar en todas las casuísticas personales que se pueden llegar a dar para evitar la exclusión social y la pobreza de las personas que forman Cantabria, que viven en las ciudades pero también de aquellas olvidadas en el mundo rural.

Porque los salarios y las pensiones han de permitirnos vivir con dignidad, acceder a los servicios públicos, disfrutar de los espacios y participar de la vida de manera eficiente y satisfactoria.

Y el coste de la vida, actualmente, es altísimo. La cesta de la compra hace imposible que muchas familias lleguen a final de mes sin problemas. La carestía de vida roza los imposibles y empobrece y excluye a muchas personas.

La juventud tiene derecho a un futuro digno, pero también aquellas generaciones que nos han precedido y que se han dejado la piel, también las personas en edad activa con enfermedades graves y limitantes que les impiden trabajar y ganar un salario que les permita vivir sin precariedad, también las personas discapacitadas que son excluídas y olvidadas por no alimentar el sistema capitalista y productivista en el que estamos inmersas, también las familias con menores a su cargo que ven como el importe de las prestaciones y ayudas no supera al año ni lo que valen algunos alquileres en Cantabria al mes.

El 11 de Noviembre, salimos a la calle por todo esto y por mucho más. Porque no olvidamos, porque recordamos, porque escuchamos y descubrimos realidades. Y seguiremos luchando y reivindicando. Queda mucho trabajo por hacer hasta conseguir la sociedad y el mundo que queremos.

¡HUELGA GENERAL!

¡Nos encontramos en las calles!

 

Por Rebeca Bañuelos.